Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que la vi aparecer en mi pantalla. Era tan sólo una niña y el pasar canales un hábito de la edad, hasta que llegué a esta escena. Una hermosa mujer enfundada en un vestido rosa le dejaba claro a un grupo de hombres que la perseguía que no quería nada con ellos. La música, la letra, todo en conjunto, despertó en mi una gran fascinación. Poco tiempo después supe que había tenido mi primer encuentro con Marilyn.
Con el paso del tiempo tuve más de aquellos, gracias a mi amor por las películas antiguas he podido llegar a ver gran parte de sus actuaciones. Pero es ella como mujer la que siempre ha despertado en mi una gran intriga.
Mucho se dice de esta joven que se convirtió en un símbolo sexual e ícono atemporal. Una mujer que debajo del maquillaje y la embriagadora seducción, era solo una chica que deseaba llegar lejos. Y lo logró.
Ella, es un gran ejemplo de metas y superaciones, pero también de cómo a pesar de todo el glamour y el éxito que la envolvía, la fortaleza y determinación personal y emocional nunca pudieron acompañarla. Sus muchos esfuerzos por ser considerada de forma distinta a un sex symbol nunca dieron resultado, sumiéndola en una profunda depresión que no pudo sobrellevar.
Marilyn Monroe, es el ícono erótico por excelencia y difícilmente será borrado de la mente colectiva, su desaparición en plena juventud y en la cumbre de su carrera, no hicieron más que acrecentar la leyenda.
La tentación vive arriba.
Por Fabiana Sayán, Editora de Moda

















